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DEDICADO A MI MAESTRO: ALBERTO AHUJA COSÍO

25 DE FEBRERO DE 1925 – 24 DE AGOSTO DE 1994

Era la tarde del 24 de agosto de 1994, cuando una llamada telefónica me dejo frío, recibía entonces la peor noticia hasta ese momento, durante la mañana había sido encontrado muerto en el interior de su domicilio, el periodista Alberto Ahuja Cosío.

De eso ya han pasado 21 años y tengo tan presente el momento, como si hubiese sido ayer, muchas cosas se me vinieron a la mente, qué pasaría con el periódico, que en 1960 él había fundado en esta ciudad de Tecate, “La Semana”, que en los últimos 10 años se había estado editando los días miércoles y sábados de cada semana.

Lo conocí a finales de 1986, cuando entre a las oficinas y talleres del medio de comunicación pionero de la ciudad, exactamente un 26 de diciembre, apenas pasada la Navidad, era periodo de vacaciones y aprovechaba una plaza para trabajar.

Fui recibido por Don Alberto, quien ese mismo día me puso a trabajar, a limpiar tipos sueltos de plomo, formar encabezados y lavar con gasolina las pesadas ramas que eran montadas a la prensa, para que se imprimiera el periódico.

Tenía apenas 15 años de edad, pero al terminar mi turno, me di cuenta que esto era lo mío, un gran interés por conocer de fondo las labores periodísticas de raíz surgieron en mi interior. Al día siguiente puntual estaba en espera de que abrieran las puertas del taller para empezar a laborar.

El cargo que me dio Don Alberto era formador-prensista, así decía mi primer credencial, a los 4 meses ya formaba el periódico, en ese entonces había unas 6 personas trabajando en el periódico, cada quien se encargaba de una labor, había un linotipista, una secretaria de redacción, un prensista, el formador y otros dos se encargaban de distribuir y cobrar la publicidad.

Muchos fueron los regaños que tuve que recibir del Sr. Ahuja, para ir mejorando mi trabajo, poco a poco iba aprendiendo más sobre las labores de producción del periódico más antiguo de Tecate, con el paso del tiempo fui cubriendo uno a uno los puestos y sustituyendo a los demás trabajadores hasta que sin darme cuenta, ya estaba como secretario de redacción y todo el medio lo hacíamos entre él y yo.

8 años fueron los que me tocó trabajar a su lado, sus regaños, consejos, desconfianzas, -era muy estricto-, fueron haciendo que la pasión por el periodismo creciera.

Lo conocí cuando ya era invidente, aun así poseía un sexto sentido y yo me di cuenta de ello, hacía entrevistas vía telefónica y estaba bien enterado de la política y todo lo que acontecía en la ciudad, lo que posteriormente plasmaba en las páginas de La Semana.

Pionero de los medios, Don Alberto fue corresponsal de importantes periódicos nacionales y estatales, también de California, Estados Unidos, antes de La Semana, habría hecho dos medios jocosos como El Zancudo y El Cascabel, que le ganaron una persecución política que se libró hasta que el primer Alcalde de Tecate Eufrasio Santana Sandoval terminara su periodo gubernamental, pues fue un represor de la libertad de expresión y para nada le gustaba la crítica, en la que Don Alberto era especialista y por ello tuvo que estar huyendo todo ese tiempo y regresar a su casa cobijado por las sombras de la noche, pues de ser visto, era encarcelado por los policías a las órdenes de Santana.

Luego, en 1960 decidió formalizar su gran pasión y fundó La Semana. Hombre de letras, escribió alrededor de 150 canciones, 280 poemas, centenares de artículos, reportajes especiales, 3 novelas y fue referente para todos los políticos de la época quienes invariablemente acudían a él para recibir la directriz sobre sus futuras campañas.

Miles de historias se tejieron a lo largo del tiempo, estando Don Alberto Ahuja al frente del periódico. Noticias que dieron la vuelta al municipio y en ocasiones a la entidad. Fue padre de 5 hijos Alberto, María Luisa, Georgina, Enrique y Alejandro, los dos primeros se le adelantaron en el camino y eso le causó un dolor profundo en su vida, sin embargo poco lo manifestaba, solamente cuando nos tomábamos aquella botellita de Orendain Ollitas con jugo de naranja. Lloraba.

Aquella tarde, sin esperar un solo segundo me dirigí al domicilio de Don Alberto, solo para confirmar la infausta noticia de su fallecimiento. Vivía solo y por eso tardaron varias horas en saber que en el interior de la casa yacía muerto.

Al llegar ya se lo habían llevado, la vivienda estaba sola, me recargue en una pared exterior y estuve por varios minutos inmóvil, incrédulo, pensando, recordando los momentos vividos a su lado, fuimos grandes amigos, fue mi maestro.

Bien recuerdo que un día antes, el lunes 23 de agosto de 1994, en la tarde que llegue a trabajar, me dio su inseparable grabadora de piano y me dijo: “Germán, crees que puedas editar tu solo el periódico”. – No creo, respondí. “Si puedes, me voy a recostar, no me siento bien, ve escribiendo las notas y más tarde las revisamos”. Esas fueron casi sus últimas palabras que escuche.

Me puse a escribir alegre y confiado en aquella vieja máquina Smith-Corona y ya cuando concluí, puse los papeles sobre el escritorio y fui a su casa, toque y pase para avisarle que ya me iba, que la base del periódico ya estaba lista. Me dijo, está bien, mañana vemos que tal te salieron. Jamás revisaría mis notas.

Al día siguiente, ese martes trágico, por la noche se reunieron sus familiares. Yo estaba en el la imprenta, sentado en la silla, frente a la máquina de escribir, sin tocarla, solo la miraba, volteaba a la izquierda y miraba la silla de Don Alberto vacía, ya nunca estaría él allí.

Tras un largo tiempo, sus hijos y demás familiares habían tomado una decisión,, entraron al taller y me dijeron, ya no queremos que muevas nada, murió el jefe y con él también el periódico. Pretendían ellos dejar de publicar La Semana.

Entonces en un momento de lucidez, dije y yo qué, yo sé hacer todo aquí y creo que conociendo bien a Don Alberto, no creo que eso quisiera, más bien que su legado prevalezca y siga adelante.

Uno de sus hijos se acercó a mí y dijo, si tú te lo avientas, le seguimos y así fue por unos años más. En esa edición la nota principal fue la muerte del periodista Alberto Ahuja Cosío, toda una institución en el periodismo bajacaliforniano.

Don Alberto nunca sabría, pero en el 2013, fue nombrado como decano del periodismos en Baja California, junto con una treintena de comunicadores, en una iniciativa del entonces Diputado Gregorio Carranza Hernández.

Tampoco supo, que una petición de él hecha a inicios de los años 90s, a la Secretaría de Gobernación, recibió respuesta el 31 de octubre de 2001, cuando la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas, acordó que se otorgara el certificado de licitud de título y de contenido al periódico La Semana Al Servicio del Pueblo.

Asimismo la sala de prensa del Centro Estatal de las Artes lleva su nombre.

Sus restos descansan en el Panteón Municipal, su recuerdo permanecerá para siempre en mi mente y en mi corazón.

Este texto, sirva entonces, para mantener vivo el recuerdo de un gran ser humano, un gran maestro y un ícono del periodismo tecatense, cuyo legado deben conocer las generaciones actuales de comunicadores.

Germán Ramos González

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